AGITADORES DE-MENTES

«Tabús y estigmas alrededor de la salud mental»: una reflexión sobre el III Curso de formación Voluntariado en salud mental.

Diseño gráfico: Víctor Varela Uzal.

Conviví durante estas jornadas con “Agitadores de mentes”, o “Agitadores dementes”, como interpretó felizmente Carlos Martínez Uzal, coordinador de la Asociación Itinera, cuando uno de los muchos grupos de debate que se reunieron el último día expuso la idea de lanzar con este seudónimo campañas de publicidad que invitasen al cuestionamiento de los prejuicios sobre la salud mental. “Deconstruyendo las redes de apoyo a pacientes con TMS” y “Nuevos espacios de trabajo para el voluntariado”, los títulos de las propuestas de debate planteadas, resumieron muy bien, a mi entender,  los objetivos y contenidos principales de este curso.

     Las asociaciones que compartieron y promovieron este encuentro, han hecho muchas cosas a lo largo de estos años, y es importante valorarlo, máxime cuando hablamos de un sector que está sufriendo muchos recortes en cuanto a recursos económicos. El profesional, el voluntario, el familiar y el afectado precisan más que nunca ser valorados, que les sea suministrado el “combustible” que les alimente, que les dé fuerzas para seguir trabajando en algo tan complejo como es el contexto de las personas socialmente muy vulnerables. Una vez dicho esto, las asociaciones, en un sano ejercicio de autocrítica, lanzaron al aire las siguientes preguntas:

  • ¿Son ciertas o erradas las acciones que fueron realizadas?

  • ¿Es posible unificar las filosofías de las diferentes asociaciones, o hay que observar que las palabras “persona con trastorno mental severo” son un cajón desastre que engloba a seres humanos con características muy diferentes, y que por lo tanto precisan filosofías y líneas de actuación también diferentes?

  • ¿Caen las propias asociaciones que pretenden eliminar el estigma, en una mayor estigmatización, al convertirse en guetos o refugios donde la sociedad mantiene apartado al “enfermo mental” ?

  • ¿Es hora de comenzar a volcar las energías en reeducar a la sociedad, para que de manera natural acoja en los múltiples espacios de intercambio social y cultural la presencia de personas que poseen un estilo diferente de “personarse” en el mundo?

  • ¿Llegó el tiempo de promover que las personas “normales”, es decir, sin diagnóstico, entren a participar y compartir los espacios y las actividades de estas asociaciones?

     Los grupos de debate intentaron «deconstruir» en la última tarde de las jornadas todas las estructuras usuales utilizadas, con la pretensión de reconstruir a la luz de la experiencia. Una deconstrucción donde las fronteras entre “el profesional”, “el voluntario”, “el familiar”, y “el afectado o usuario” se diluyen. Al final, somos todos, en cierto modo, “afectados”: familiares, profesionales, voluntarios, o cualquier persona que conviva en sociedad. La persona que expresa con su diagnóstico la cuestión sólo está expresando a voz en grito algo que late en el fondo de todos los corazones humanos, de todas las psiques. “El usuario” nos remueve, nos incita a cuestionar las fronteras, los prejuicios, los tabús mentales, psíquicos y emocionales. Nos invita a observar que muchas de las acciones que generan violencia en la sociedad están promovidas por personas que poseen mucho poder y que son consideradas mentalmente sanas.

     «El usuario o afectado” nos habla de esos diques construídos para detener el mar, para ganarle desesperadamente terreno y así poder decirnos a nosotros mismos todos los días que pisamos tierra firme. Tierra sobre la que construimos quimeras que nos destruyen: urbanizaciones y feísmos frente a ese mar. Diques que el imaginario popular califica muchas veces como salud mental. Ese mar interno, esa riqueza que posee la vastedad del universo y la salvaje y exuberante vida de una selva. Diques para contener el mar, ese marea que sube y baja, que fluctúa con la luna, y que resiste y busca desesperadamente derribar nuestros diques internos para así salvarnos la vida.

     Al mirar atrás y revisar las múltiples experiencias vividas en este campo, afirmo sin dudar que la persona con un diagnóstico, «el afectado o usuario», es el auténtico agitador de nuestras mentes, de nuestros corazones. Es quien nos recuerda lo que todos sabemos pero preferimos olvidar: 

«No es síntoma de buena salud estar perfectamente adaptado a una sociedad profundamente enferma”.  Jiddu Krishnamurti.

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