«VEO». Ofelia viva y el alma encantada.

Veo

telas oscuras y entramados de rejas

un jardín reluciente al final,

al fondo,

donde se oculta la verdad más enmarañada de las cosas

Veo

trastornos descomunales

un gigantesco placer

escondido tras


Veo

lejanos árboles

brechas torcidas

sucedáneos de una vida

que no existe ni existirá

Veo

tranquilas aguas

pacíficas estelas

y un canto lejano

que te dirá

cuál es el camino

la vereda

qué sorpresa aguarda

tras la reja

Veo

un enlace próximo

un anillo

un camino

un dorado placer

la verdad de ser

aquello que somos

Veo

trastornos descomunales

nubes negras en el horizonte

y junto a ti

la paz de saber

que nada de eso

es perdurable

que todo es

un soplo ínfimo de viento

a la deriva

perdido

en la vasta intemporalidad

de los siglos

Veo

respuestas vanas

orgullos fijos

niños corriendo detrás de un balón

Veo Veo

negros nubarrones en el horizonte

y una luz escondida

entre ellos

Veo

que todo aquello que quieras hacer

puedes hacerlo

Veo

Veo

un dulce despertar

y una huída

un cansancio remoto

y una salida

Veo

 que nada de lo que veo

puede ser verdad

Veo

que quizás

algún día

sepas

que nada de lo que ves

es cierto

tan sólo, el atisbo de un miedo

arcaico y antiguo

de una historia que una vez ocurrió

en un siglo extraño

plagado de seres extraños

Veo

que los nubarrones que ves

no son reales

tan sólo el reflejo

de miedos ajenos

Veo paz

y la sabiduría de saber

que encerrado en un cajón de tu dormitorio

alma que cuidas con tesón,

 hay algo creciendo

de un valor incalculable

pequeño y terrenal

como esa gota de lluvia que recoges

caída de una hoja

de un árbol

ese brillo resplandenciente

el destello

húmedo

del rocío en la mañana

Veo

castillos en el aire

y en la tierra un tesoro

Veo

lejanas curvas

anchos valles

remotos pliegues

sábanas sucias

y un vendabal

Veo que no veo

veo

veo

veo

y nada de lo que ves

es real

Sólo el alma

impertérrita

observa todo

como un cristal

diamantino

duro y sólido

imperturbable

brillante, eterno, inamovible

y todo lo demás

tan sólo soplos

vientos y cazas

vanidades

destellos, reflejos

efímeros

cansinos

limitados

Nada más

el diamante veo

Nada más

EL DIAMANTE

 

«MI CORAZÓN». El alma encantada.

«Mi corazón late

puerta con puerta

y así ha decidido

que es la paz su fuerza

que es el bien mi nido.»

 

Pilar Ageitos y el alma encantada

«RE CUERDOS». El alma encantada.

¿Qué fragmentos de la vibrante luz de nuestras vivencias registra la memoria?
¿Qué sobrevive y qué queda fuera de las huellas registradas?
¿Qué destellos se convierten en recuerdos?
¿Se suceden siempre igual o cambian y varían, como si cobrasen vida propia en el fondo de esa laguna llamada alma?

«Nebulosas sin razón,
despiertan el corazón
y liberan de todo mal
la realidad consensuada.
Si las onduladas olas
de aquellos a los que amamos fuesen eternas,
no tendríamos más remedio que fallecer,
nos ahogaríamos con tanta ternura.
Ni los pisos almibarados de la mañana poseen tanta cordura.
Seamos amigos de aquellos que sólo tienen un deseo: SER «.

Pilar Ageitos y el alma encantada.

 

«ALUMBRÉ». El alma encantada.

«Mujer». Dibujo de Pilar Ageitos.

 

« Alumbré hijos a docenas

todos fuertes y robustos

plenos, altos, rubios

como el pelo con el que crecí.

Alumbré hijos a pares,

a pares los llantos, las llamadas.

Alumbré padres, extraje huesos de las zarzas.

Alumbré monedas carmesí,

el llanto de la sangre morada,

el chillar del bendecido…

Alumbré, alumbré, alumbré…

Tanto amé la soledad

con tanta ternura y pasión,

con tal pasión y entrega,

que alumbré mi vida a su manera.

Tanto amé la soledad,

con tanto amor y locura,

que preferí tomar de su mano

antes que alumbrar la tuya.

Alumbré, alumbré, alumbré…

Retomo el pavor de hacerlo,

y busco resistir su bravura

Canto, vivo, siento, anhelo,

alumbré la llama, la hermosura.

Retomo y alumbro todo

lo que quiero y lo que no,

pues no soy dueña de lo que alumbro,

me debo a la oscuridad,

al agujero enterrado

dentro de otro agujero.

Alumbro, alumbré

y lo seguiré haciendo a la lumbre de los siglos. «