
CAN. Dibujo: lápiz sobre papel. Pilar Ageitos.
«Solía Sofía buscarme en aquella cadena. Yo no hablaba, realmente. En mi emisora había un silencio contínuo y UNAS OREJAS ENORMES. Tú ponías la cadena y se oía escuchar: ¡Menuda trompa te agarrabas! Notabas el zumbido en cada neurona del cerebro. Escuchar es, a lo sumo y como mucho, lo más ensordecedor que hay. Lo juro.
Si Fon Beber aparecía, le dábamos los buenos días (Sofía y yo) y le dejábamos quedarse. Pero él no oía nada. Se limitaba a mirar, como hipnotizado, aquellas orejas tan y tan enormes.
Y EL FON SE VOLVÍA BON.»
hace muchos años ha… El Alma Encantada